Cuando la tecnología nos da esperanza: estrategias de madres buscadoras (de tesoros) en México
En medio del dolor y la violencia, las madres buscadoras transforman la tecnología en una forma de esperanza. Desde México, compartimos sus aprendizajes e innovaciones.

[Comencemos 🔥]
Les doy la bienvenida a La Lupa Digital: Centroamérica y México. Aquí compartimos conversaciones e historias de esperanza activa y resiliencia tecnológica, enraizadas en los territorios de quienes llevamos a cabo acciones de cambio social en la región.
Mientras preparábamos este boletín, una noticia nos atravesó de lleno. El domingo 22 de febrero México estuvo en el centro del debate público global. La persecución y muerte de “El Mencho”, como era conocido el líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, regó de violencia las calles. La operación provocó de inmediato bloqueos de carreteras y graves incidentes en distintos puntos del país. La desinformación se apoderó de internet y la ciudadanía se vio arrastrada a una disputa territorial y de poder.
Los avisos nos llegaron por WhatsApp, nuestras amigas en Jalisco informaban que para el lunes las clases estaban suspendidas, el transporte público detenido, los negocios cerrados. El Código Rojo, que obliga a quedarse en casa, había convertido a sus ciudades, siempre ruidosas y vibrantes, en pueblos fantasma.
En Guadalajara se podía escuchar el silbido del silencio; un sonido que pone en evidencia cómo opera el control territorial: desintegrando, aislando, atemorizando. Cuando ellos, los narcos, quieren, no se mueve una aguja.
Escuchemos la reflexión del creador de contenido Fernando “micro” Hernández, acerca del “silencio post narcobloqueo”.
Este control territorial tiene muchas capas; una de ellas, es la desaparición forzada. En este boletín, vamos a profundizar en la relación que los grupos de madres buscadoras han construido con la tecnología para encontrar a sus seres queridos. En el scroll infinito de esta historia en México, hay algo que no se cuenta tanto: la labor de estos colectivos, grupos de mujeres y familiares, quienes desafían las amenazas, el paso del tiempo y la desesperanza para encontrar a sus seres queridos desaparecidos.
En este boletín, el primero de 2026, invitamos a tres voces, referentes en investigación y activismo en México, que trabajan junto a los colectivos de búsqueda. Ellas nos contaron acerca de las tecnologías que utilizan, inventan y comparten las madres y familiares de desaparecidos en este país para encontrar a sus tesoros, las llaman tecnologías de la esperanza.
[Descenso a Xibalbá 🌀] : el inframundo, lo que amenaza
🌀 Xibalbá es el inframundo en la mitología maya. En esta sección exploramos lo que amenaza resguardándose en las tinieblas.
El mes pasado, en La Lupa Digital: Género y Futuro, el primer boletín en el que participé como consultora editorial, hablamos de la trama de empresas tecnológicas que utilizan su ingeniería y su inteligencia artificial para construir herramientas de control, vigilancia y violencia hacia grupos humanos en el contexto de la Operación Metro Surge, liderada por ICE en Estados Unidos.
También investigamos acerca de los abusos del monitoreo de las redes sociales, de la IA que genera noticias falsas, el cruce de datos personales, el monitoreo de placas de automóviles, el reconocimiento facial, la geolocalización y uso de drones, una serie de herramientas que tienen como objetivo encontrar a una persona para detenerla o deportarla.
🌘 Ahora, en esta entrega, vamos a mirar la otra cara de la luna: ¿Qué pasa cuando esas tecnologías cambian de mano y se basan en una necesidad y una esperanza colectiva? ¿Qué sucede cuando pensamos la tecnología poniendo la vida de las comunidades en el centro? Aparece una alternativa al lado oscuro de la luna.
👉🏽 Soy Agustina Paz Frontera, periodista, estratega y escritora feminista. Voy a acompañar a Las Lupas como consultora editorial, especialmente en este boletín, en el que tejemos voces e historias de esperanza y organización en México y Centroamérica.
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En 2011, cuando se acercó a las Bordadoras por la Paz de Jalisco, el periodista Darwin Franco no sabía ni enhebrar una aguja, pero una de las madres buscadoras, Tere Sordo, le enseñó a hacerlo; le explicó que en rojo se bordaban los nombres de quienes fueron asesinados, y en verde los nombres de las personas desaparecidas. Hoy Darwin es un comunicólogo que se mueve entre el periodismo, la investigación académica en temas de tecnología y derechos humanos y el acompañamiento a colectivos de México, especialmente en Jalisco.
🪡 De su manos, entre puntada y puntada, iremos descubriendo cómo estos colectivos utilizan tecnologías digitales o análógicas para encontrar a sus seres queridos, a sus tesoros.
Los primeros colectivos de búsqueda —integrados por familiares de personas desaparecidas— comenzaron a formarse entre 2010 y 2011. Desde entonces, lidian con un obstáculo para encontrar a las personas desaparecidas: la negación de esta tragedia por parte de los organismos oficiales, que lleva a que la gran mayoría de la sociedad mexicana también ignore la dimensión real del problema.
Darwin lo cuenta así: “Las madres no solo buscan cuerpos, buscan verdad en un territorio diseñado para ocultarla”.
📄 México enfrenta una crisis sin precedentes de desapariciones forzadas. A pesar de la magnitud del fenómeno, los datos públicos del gobierno mexicano son deficientes. Si bien hay un Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO), que actualmente se está actualizando, los nombres, fotografías, señas particulares y otros datos relevantes para la localización no están disponibles.
Xibalbá, el inframundo, también es digital: hay bases de datos incompletas, registros fragmentados, expedientes inaccesibles. Entre los procedimientos técnicos para ocultar la ausencia, se encuentra la manipulación de datos. Según las fuentes oficiales, a marzo de 2026 hay 131.811 personas desaparecidas y no localizadas (mientras diversas organizaciones estiman que el número no oficial es tres veces más grande), 72.100 cuerpos sin identificar y casi 5.700 fosas clandestinas localizadas en el país.
La gran mayoría de las desapariciones —alrededor del 88 %— ocurrieron a partir de 2006, en el marco de la llamada “guerra contra el narcotráfico”, caracterizada por la militarización de la seguridad pública y la expansión del crimen organizado con distintos grados de participación, aquiescencia u omisión estatal. En general, la mayor parte de las víctimas de desaparición forzada son hombres jóvenes mientras que las mujeres son quienes generalmente encabezan la búsqueda.
Según el Informe “Desaparecer otra vez” de Amnistía Internacional, las desapariciones no solo afecta la vida de la persona desaparecida, sino de todas las personas cercanas a ella, pues son sometidas a constantes violaciones de derechos humanos. Buscar es una tarea de alto riesgo: desde 2011, al menos 30 familiares de personas desaparecidas fueron asesinados. Amenazas, extorsiones, ataques digitales y violencia institucional forman parte del costo cotidiano de la búsqueda.
Ante la ineficacia estatal, las familias —especialmente las mujeres— se convirtieron en las principales buscadoras. Hoy existen al menos 234 colectivos de búsqueda en México, integrados en más de un 90% por mujeres.
👥 Le preguntamos a Darwin Franco por qué cree que la mayoría de quienes integran los colectivos de búsqueda son mujeres y su respuesta me sorprendió. Nos contó la historia de un hombre buscador que había perdido a su hijo y que, hablando con él, pudo reconocer que le había costado mucho “poder llorar a su hijo” y que “lo único que sabía hacer en la vida era mantenerse ocupado”. Mientras muchas mujeres cambian su vida para dedicarse a la búsqueda, los hombres quedan a la intemperie de un mandato de masculinidad que no les enseñó qué hacer con lo que sienten.
Aunque estos colectivos son conocidos como “de madres buscadoras”, Darwin recuerda que “ahí también están las esposas, las hijas, las hermanas y las amigas de las personas desaparecidas”. Solo en el Estado de Jalisco hay 20 colectivos de búsqueda, “ante la falta de respuesta por parte del Estado, la única alternativa que les queda es autogestionar los métodos de búsqueda”.
🌱 Y aquí es donde las tecnologías son fundamentales para superar el infierno y encontrar esperanza.
[Bajo la Ceiba 🌳]
En la introducción de este boletín hablamos de “el lado oscuro de la luna”, refiriéndonos a los usos de la tecnología para la localización de personas. ¿Acaso hay un lado florecido y verde de la tecnología? Darwin Franco responde desde su experiencia con un término que es como una llave: tecnologías de la esperanza.
✨ “Si la desaparición es una tecnología del poder, y una tecnología del terror, la búsqueda es una tecnología de la esperanza”.
¿Cuáles son esas tecnologías? Para responder esta pregunta hemos invitado a la conversación a las hermanas Itzell y Mayeli Sánchez de Técnicas Rudas, una organización mexicana que tiene una amplia experiencia en articulación con colectivos de búsqueda. Ellas son enfáticas en señalar algo que muchas veces olvidamos: “para pensar en tecnologías de búsqueda tenemos que romper con la idea de que toda la tecnología de hoy, y la única innovadora, es la tecnología digital”.
Sus miradas son inspiradoras, parten de una premisa clara: la primera tecnología es la humana, la que se construye con las propias manos y en colectivo. Su activismo entiende la innovación como una herramienta situada, orientada a responder a las necesidades concretas de las comunidades.
Para ampliar el concepto de tecnologías de la esperanza, Darwin nos cuenta una distinción importante. En sus inicios, las tecnologías que utilizaban los colectivos estaban orientadas a encontrar a sus seres queridos con vida. Pero en algún momento se produjo un quiebre: comprendieron que también debían buscar asumiendo la posibilidad de la muerte.
Imaginemos ese momento. Tomémonos un minuto para entender el proceso que debieron hacer estas familias, sintamos ese dolor: “Hoy vemos a las mamás así, con palas, y nos parece bien heroico —dice Darwin—, pero el aceptar buscar en fosa es aceptar que no lo vas a encontrar con vida”.
No es fácil escribir sobre esto, pero contar estas historias es nuestra manera de apoyar y acompañar la inteligencia colectiva de las madres buscadoras y de sus familias, y aprender de sus soluciones técnicas.
Una vez los colectivos deciden salir al territorio para realizar “búsquedas en muerte” —así las llaman—, aparecen dos tipos de objetivos: la búsqueda de fosas clandestinas y la búsqueda forense (el proceso técnico-científico que analiza e identifica restos). Cada una de estas categorías requiere y habilita el uso de diversas tecnologías.
🔦 Darwin cuenta que hay madres que se convirtieron en expertas pilotos de drones, que articulan esas imágenes con Google Earth y programas topográficos para identificar variaciones históricas en el terreno. La tecnología ha facilitado y acelerado procesos de localización de fosas que antes estaban reservados a expertos y grandes instituciones.
Las madres y familias comenzaron buscando solas y con herramientas muy rudimentarias, como cientos de personas a lo largo del mundo buscan solas a sus seres queridos. Por ejemplo en Gaza, donde hemos leído que un hombre busca los restos de su familia con un tamiz de harina.
El Grupo Vida es un caso destacado de tecnologías de búsqueda en campo: lleva más de diez años localizando fosas e identificando restos de personas (incluida la hija de una de sus integrantes). El colectivo creó un sistema de banderillas de colores para “peinar el terreno”: miden cada hallazgo, lo georreferencian en mapas digitales y luego lo analizan en contexto, realizando así tareas que normalmente le corresponden a una fiscalía.
Los colectivos se articulan con científicos, a través de diversas iniciativas, para innovar en las búsquedas en campo. El programa FOUND, por ejemplo, integra biología, geofísica e imágenes con drones para fortalecer la búsqueda en Jalisco. Esta iniciativa ha permitido localizar al menos 30 personas —incluidos seis cuerpos completos y 24 bolsas con restos humanos—, lo que demuestra el potencial de la tecnología para identificar enterramientos clandestinos.
Es un trabajo muy detallado, casi artesanal, en el que han desarrollado aplicaciones para identificar especies de insectos y cambios inusuales en la vegetación que pueden indicar la presencia de materia orgánica bajo la superficie. Un conjunto de flores o de insectos puede hacer la diferencia. Según algunos de sus registros, la aparición de flores amarillas en ciertos contextos podría señalar la existencia de cuerpos enterrados.
Antes de que llegaran universidades e institutos, hubo buscadores de campo, como Mario Vergara, que sintieron la urgencia de crear sus propias herramientas. Mario fabricó junto a un amigo herrero una varilla capaz de hundirse más de un metro bajo la tierra. “Se volvió nuestra herramienta principal —relata Mario en un texto publicado pocos días después de su muerte—: al introducirla, se impregnaba del olor de los cuerpos de nuestros familiares”. Esa varilla se convirtió en el símbolo de la búsqueda.
Años después, en un taller coordinado por Técnicas Rudas, surgió otra necesidad tecnológica muy concreta: “Nos hace falta una nariz para sumar a la varilla”. Encontraron una tecnología similar, de código abierto, y junto a investigadores de la Arizona State University, desarrollaron un prototipo. Las madres aprendieron a programar en Arduino y a construir un sensor.
Itzell y Mayeli lo dicen con claridad: la varilla con sensor sirve mucho, pero ninguna máquina sustituye el trabajo y la experiencia de las madres, ni esa intuición que ya tienen para leer el suelo.
🌐 Las tecnologías de la esperanza aplicadas a la búsqueda son múltiples y se despliegan en soportes muy diversos. El Rancho Izaguirre (en Jalisco) es uno de los hallazgos más conmocionantes de los últimos años. Se trata de un predio detectado por las autoridades que funcionaba como centro de reclutamiento del crimen organizado: fosas clandestinas, restos óseos y numerosas prendas de vestir daban cuenta de ello. Cuando la información tomó estado público de la mano de los colectivos, se volvió visible la fuerza de otra tecnología clave en la búsqueda: las redes sociales.
Advertencia: Como una manera de resistir a la captura narrativa, Técnicas Rudas propone que las redes sociales preceden y exceden al mundo digital, por eso nombran a los espacios digitales que comúnmente llamamos redes sociales como redes sociodigitales, para distinguirlas de aquellas redes humanas y presenciales.
Las transmisiones en vivo que Guerreros Buscadores realizaban en sus redes sociodigitales desde el Rancho Izaguirre permitieron que muchas familias reconocieran prendas de sus seres queridos. De allí nació Las Prendas Hablan, una iniciativa que convierte la ropa en archivo digital, ampliando las posibilidades de identificación y memoria, muestra de hasta dónde puede llegar la imaginación tecnopolítica cuando la búsqueda se vuelve colectiva.
Antes de llegar a operar drones o usar varillas con “olfato”, el primer camino que toman las madres y familias es la “búsqueda en vida”. Para eso se volvieron expertas en comunicación e investigación digital, difundiendo o rastreando datos en internet para encontrar a sus seres queridos con vida.
Históricamente, la búsqueda de personas se ha apoyado en cédulas o fichas con una foto lo más actualizada posible, la descripción de rasgos físicos y el lugar y la fecha de desaparición. Esas fichas forman parte del paisaje en muchas ciudades de Latinoamérica. En Guadalajara, por ejemplo, cubren postes de luz, muros junto a grafitis y carteleras de universidades y hospitales: la búsqueda ocupa el espacio público. Y a algunos eso les molesta.
En las redes sociodigitales, las fichas prometen un alcance mucho mayor. Las madres han superado la brecha digital etaria a una velocidad “que solo se explica por el amor”, nos cuenta Darwin. Tanto para hacer fichas como para transmitir en vivo o vincularse entre ellos, las herramientas digitales han facilitado (no sin contratiempos) su trabajo de búsqueda.
En los últimos años se sumó a la búsqueda una nueva generación: hijas e hijos de personas desaparecidas que, como nativos digitales, utilizan herramientas más cercanas a su experiencia. Por ejemplo, utilizan la IA para manipular la imagen de sus seres queridos. Apps para “envejecer” rostros existen desde hace tiempo, pero las hermanas Sánchez, de Técnicas Rudas, nos contaron de nuevas herramientas, como las desarrolladas por la Universidad Nacional Autónoma de México, que evitan sesgos raciales y toman como referencia los rasgos de la población mexicana, a diferencia de las aplicaciones comerciales, que se basan en patrones europeos o estadounidenses de envejecimiento.
En esa misma línea de apropiación tecnológica para la confección de fichas, los colectivos utilizan IA para animar la fotografía del familiar desaparecido, darle voz y convertirla en una “ficha viva” que circula en redes como TikTok. Consideran que así puede llegar más lejos que una imagen fija. Según Darwin, se trata de “un recurso simbólico memorístico” puesto que son los propios colectivos quienes escriben los textos a los que luego la IA les pone voz como si se tratara de la persona desaparecida.
La experimentación de los colectivos va todavía más allá. Utilizan técnicas de cruce de datos que requieren nuevas habilidades digitales y el manejo herramientas OSINT (Open Source Intelligence o inteligencia de fuentes abiertas, en español), la cual hace referencia al conocimiento recopilado a partir de fuentes de acceso público. Con estas técnicas, las madres y las familias pueden buscar a sus seres queridos, que esperan encontrar vivos, rastreando en datos de albergues, centros de rehabilitación, hospitales y cárceles, y utilizando monitoreo de cámaras de seguridad con técnicas de reconocimiento facial.
Este tipo de tecnología también se activa para cruzar datos oficiales sobre las desapariciones. Veamos algunos ejemplos:
Volver a desaparecer, permite a los usuarios verificar qué ha pasado con cada nombre entre diferentes versiones de los registros oficiales.
Plataforma ciudadana de fosas, muestra el número de fosas clandestinas por entidad y por municipio, y el número de cuerpos, de restos o fragmentos óseos de personas desaparecidas.
Amnesia. Desmontando la estrategia del olvido, busca contrastar la “desmemoria digital deliberada” y funciona como un resguardo de datos.
💎 Las Rastreadoras del Fuerte llaman tesoros a sus familiares desaparecidos, así desplazan el lenguaje estatal que habla de datos, fragmentos o cuerpos, y reinstalan valor y vida en sus seres queridos. La tecnología de la esperanza se basa en adaptar la tecnología a la necesidad humana de encontrar vida. Para las madres y familias que buscan, la tecnología es el medio para mantener viva la esperanza de encontrar esos tesoros.
[Cosechar la milpa 🌽] : herramientas e inspiraciones
Un tesoro es algo precioso que merece ser encontrado y cuidado. No es ni un desecho ni un resto. Incluso cuando excavan en fosas clandestinas, las buscadoras sostienen la vida en medio del horror y convierten la búsqueda forense en un acto de amor. En este tipo de intervenciones promisorias de la tecnología es cuando se hace evidente la raíz etimológica de la palabra griega tekné, que significa desocultar. Tecnología para desocultar tesoros.
Como dicen las investigadoras Valeria Fernanda Falleti y Atala del Rocío Chávez y Arredondo en este paper, las búsquedas de personas desaparecidas producen un saber situado que no se limita a conocer la realidad, sino que interviene sobre ella. Buscar es una forma de producir un conocimiento que transforma el dolor en intervención técnica colectiva. Una forma de construir posibilidad, es decir: esperanza. Ese saber acumulado por la práctica construye una verdadera epistemología del Sur, porque, aunque se sirve de la ciencia, cuestiona la jerarquía que únicamente reconoce como válido el conocimiento científico, jurídico o técnico certificado, y relega otros saberes al margen, como la intuición.
La tecnología aquí son palas, varillas, mapas dibujados a mano, bases de datos comunitarias, redes sociodigitales, geolocalización y cámaras de vigilancia reapropiadas (y disputadas) desde el cuidado. Como otras madres a lo largo de la historia, las buscadoras amplifican un cambio, una renovación de las narrativas, los métodos y tecnologías con los que reclamamos justicia.
👩👩👧👦 Madres de la historia
“¿Qué hace que literalmente las madres puedan mover una montaña para buscar a su desaparecido?”, se preguntan las fundadoras de Técnicas Rudas. “La ternura radical”, responden. Las madres una y otra vez se reinventan, aprenden, se arriesgan para buscar a sus hijos.
Si miramos la historia común de nuestro continente, vemos otras historias que forman constelación con las madres buscadoras de México. Allí tenemos una cesta adonde ir a buscar inspiración:
¿Conoces otros grupos de madres buscadoras que puedan inspirarnos y a quienes también podamos visibilizar?
👂 Para escuchar las voces de las madres buscadoras de México puedes conectarte a Radio Hasta Encontrarles, un proyecto de Narrativas y memorias de la desaparición en México. En cada capítulo, Técnicas Rudas invita a colectivos de búsqueda a contar sus historias.
🤝🏽 ¿Cómo podemos colaborar?
La desaparición forzada es un delito que continúa cada día que la persona no aparece. La búsqueda, también. Podemos:
Tender puentes entre organizaciones de buscadoras y comunidades científicas o tecnológicas.
Exigir que el Estado asuma su responsabilidad, que garantice infraestructura, formación, transparencia de datos, y que aporte a narrativas que no criminalicen a las buscadoras ni a los desaparecidos.
Convocar a fundaciones y donantes a fortalecer estas prácticas con enfoque comunitario e interseccional, como laboratorios de cocreación para nuevas tecnologías.
[La bolsa de narrativas 🧺]
La escritora Ursula K. Le Guin sugiere que el primer invento cultural no fue ni un arma ni el fuego, sino un recipiente (bolsa, saco, cesta) para recolectar, cuidar y transportar recursos esenciales. ¿La bolsa es la primera tecnología de la historia? Me gusta pensar que este boletín es un recipiente donde transportamos aquellas historias que necesitamos para sostenernos y para pensar otras relaciones entre tecnología y justicia social.
Como ya les conté al comienzo, junto con el equipo de Las Lupas, coordinado por Cristina Vélez Vieira, voy a hilar historias y voces de Centroamérica y México que nos conmueven y nos convocan a la acción. Además de ser consultora y periodista, me gusta leer y escribir literatura, ¡me gusta el arte!, por eso en cada boletín voy a compartir con ustedes algunas obras para activar nuestra imaginación sobre los temas que tratamos en cada boletín.
🖼️ El panameño Rubén Blades escribió 1984 que los desaparecidos deben buscarse “en el agua y en los pajonales”. Manu Chao se refirió al desaparecido como “el fantasma que nunca está”. El poeta mexicano Javier Sicilia dejó de escribir poesía cuando se enteró de que su hermano había sido asesinado. Cambió el verso por la búsqueda.
Aquí algunos libros que leí recientemente:
Furia, novela de Clyo Mendoza (México).
El material humano, novela de Rodrigo Rey Rosa (Guatemala).
Aparecida, crónica de Marta Dillon (Argentina).
Canto a su amor desaparecido, poemario de Raúl Zurita (Chile).
👉🏽¿Has visto, escuchado o leído otras obras que puedas recomendar a la comunidad de Las Lupas?
🙏🏽Gracias por llegar hasta acá. Nos seguimos acompañando en este camino de llevar y traer historias sobre Centroamérica y México, narrativas de audacia e inteligencia colectiva que cargamos en nuestra bolsa, ¿la primera tecnología?
¿Conoces a alguien a quien le pueda interesar este boletín? Envíaselo para que se suscriba. Lo enviamos cada dos meses.
Edición: Anamaría Bedoya/ Cristina Vélez Vieira/ Ilustración: Shari Avendaño




For books, really recommend Brotherless Night by VV Ganeshananthan. Similar topic but in Sri Lanka. A real ode to human rights work in darkest times. Thanks for the great piece, looking forward to the rest of the series!